Fabulas Indígenas III





caron el hechicero

Carón El Hechicero

Era un hombre muy queri­do y respetado entre los caribes, no sólo por su sabiduría, sino también por el temor que inspiraba. Cuando se enojaba solía insultar a los indios con frases incoherentes y con ges­tos tan graves que, aún sin entenderlos, infun­dían miedo.

 

¿Que has visto en las negras noches cuando murmu­ran los demonios y los cuervos?

 

—He visto incendios y batallas, hambres y pestes y a mi señor con sus guerreros combatiendo contra los hom­bres blancos, venciéndolos, a pesar de sus armas que lanzan rayos de fuego y de los demonios de cuatro bra­zos que gritan como fieras.

 

—¿Crees que debemos prepararnos para luchar?

 

—Ya es tiempo porque sus hombres vienen en camino, con el objeto de robarnos nuestras mujeres y nuestros bienes.

 

Al escuchar estas palabras, Carex se levantó e invocó a los espíritus de la guerra y les ofreció un sacrificio de cien niños por año. Después envió instrucciones a sus vasallos, los caciques Matapara, Colón y Cospique, para que se alistaran a defender sus territorios.

 

Ese mismo día, al caer la tarde, Carex recibió la noticia de que Pedro de Heredia deseaba hablarle. El mensaje­ro era Corinche. Este le manifestó que los españoles venían en plan de paz y amistad con los caciques.

Carex no confiaba para nada en los españoles. La expe­riencia le había enseñado que mentían, lo cual era un delito muy grave para él. Ya Alonso de Ojeda y Diego de Nicuesa los habían engañado. Por esta razón, le mandó decir a Heredia que no quería tratos con él. El conquis­tador montó en cólera y armado con doscientos solda­dos se encaminó a Tierrabomba. Al llegar a las playas vio a los indios en actitud desafiante. Entonces ordenó el desembarco de los soldados. Primero entró un grupo a romper el escuadrón para abrirse camino y así poder llegar a la residencia del cacique. La batalla fue desigual puesto que los arcabuces derribaban fácilmente a los in­dios que sólo tenían sus lanzas y sus macanas. Lastimo­samente los hombres de Carex debieron rendirse a la fuerza de los españoles. Ese mismo día el cacique no tuvo más remedio que hacer las paces con Heredia. Este le concedió una suerte de privilegios al cacique y su fa­milia, mientras seguía sometiendo a las tribus vecinas.

 

Carón, el hechicero, jamás se contentó con esta derrota y en cuanto podía trataba de poner en ridículo a los vencedo­res. Una vez los invitó para hacerles una demostración de sus poderes. Ante los ojos atónitos de los españoles, Carón empezó a mascar unos carbones encendidos. Luego se lan­zó a un hueco donde ardían tizones encendidos y salió sin una sola lesión en la piel.

 

Pedro de Heredia no quería aceptar la superioridad del hechicero y quiso hacerle una burla. Recordó que uno de sus hombres tenía un ojo de vidrio. Así le anunció a Carón que uno de sus hombres tenía poderes e hizo que éste se sacara el ojo delante de los indios.

 

El episodio pareció olvidarse y las relaciones entre indios y conquistadores se mantenían dentro de una aparente armonía. Heredia le regalaba a sus sometidos vacas, to­ros, gallinas y baratijas. Pero Carón no tuvo paz hasta que un día le dijo al español, delante de todos, que se arrancara el otro ojo. Naturalmente éste no fue capaz de hacerlo, con lo que se puso en evidencia que los es­pañoles eran mentirosos.



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1 Comentario en Fabulas Indígenas III
  1. kimi dice:

    esta muy larga para escribir pero me gusta

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