buey

LA MULA Y EL BUEY

Cesó de quejarse la pobrecita; movió la cabeza, fijando los tristes ojos en las personas que rodeaban su lecho; extinguién­dose poco a poco su aliento, y expiró. La infeliz madre no creía tanta desventura; pero el lindísi­mo rostro de Celinina se fue poniendo amarillo y diáfano como cera; enfriáronse sus miembros, y quedó rígida ... Sigue leyendo "LA MULA Y EL BUEY"