Poira





El Poira

Cuentan los jinetes y arrieros que en varias regiones de Colombia, los caballos y las muías olfatean el peligro y se resisten a pasar sobre las sombras tramposas y misteriosas que asechan en el camino, el bosque, el ingreso a un puente o el paso de un río; las cuales les produce desasosiego y espanto y que por eso retroceden nerviosos relinchando y resoplando y poira que si los espolean o les dan látigo se paran en las patas traseras hasta derribar al montador o tumbar los fardos, apero o enjalma y que tampoco avanzan así los cabestren.

 

Los caballistas dicen que han visto un fantasma dorado como el oral quien sin que el chalán se de cuenta; asalta y se monta en el anca de los corceles, aumentando ostensiblemente el peso del cuadrúpedo causándole molestias e incomodidad y hace al jinete alucinar, soñar, sudar copioso y secretar espuma abundante por todo su cuerpo como si hubiese tenido una visión fantástica o quimérica o transpirado todo su miedo por sus poros. Dicen que el mágico espectro es de naturaleza mutante, a veces pequeño, a veces grande a veces visible y otras invisible que sus imágenes son confusas, difusas y cambiantes; que parece un enano o un gladiador del aire, turbulento, inquieto, valeroso y veleidoso; que sueña ayudar a realizar hazañas portentosas a los ungidos y elegidos que vuelan en los caballos por las travesías, llanuras, montañas y corrientes de la patria.

 

Dicen que el espíritu áureo del Poira, personifica a los viejos recuerdos y a las reminiscencias de la fortuna que los montadores, jugadores, bebedores, disolutos, viciosos y malos negociantes han dilapidado. Y que son pocos los domadores a quienes el dinero, la fama, los amores, los honores y el hado maravilloso los persigue; porque se dan cuenta y sin demostrar ambición, soberbia, prepotencia o triunfalismo, saben valorar, aprovechar y conservar su buena estrella en la tempestad y en la adversidad.



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