Fábula el cerdo y los carneros

Entrometido un cerdo en un rebaño de cameros, pastaba con éstos. Un día le cogió el pastor, y se puso a gru­ñir y forcejear. Los cameros le reconvenían por gri­tar, diciéndole: —También a nosotros nos echa mano constantemente y no nos quejamos. —Sí—replicó el cerdo—, pero no es con el mismo fin; porque a ustedes les echan mano por su lana, mientras que a mí lo hace por mi carne. […]

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Fábula Hermes y la tierra

Modeló Zeus al hombre y a la mujer y encargó a Her­mes que los bajara a la Tierra para enseñarles dónde tenían que cavar el suelo, a fin de procurarse alimen­tos. Cumplió Hermes el encargo; la Tierra, al principio, se resistió; pero Hermes insistió, diciendo que era una orden de Zeus. —Está bien—dijo la Tierra—; que caven todo lo que quieran. ¡Ya me lo pagarán con sus lágrimas y lamen­tos! […]

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Fábula Hermes y los artesanos

Zeus encargó a Hermes que vertiera a todos los ar­tesanos el veneno de la mentira. Así lo hizo Hermes, machacando el veneno y dividiéndolo en partes igua­les. Mas cuando ya no quedaba más que el zapatero, pero aún tenía mucho veneno, -cogió el mortero y lo volcó todo encima de aquél. Desde entonces todos los artesanos son unos embusteros, pero el zapatero más que ninguno. Moraleja: Se aplica esta fábula […]

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Fábula los delfines, la ballena y el pez pequeño

Delfines y ballenas libraban entre sí una batalla. Como la lucha se prolongaba, un pez pequeño salió a la superficie y quiso reconciliarlos. Pero un delfín tomó la palabra y dijo: —Nos humilla menos combatimos y morir los unos por los otros, que tenerte a ti por mediador.   Moraleja: Asimismo algunos hombres sin valor, en tiempos de trastornos públicos, se imaginan ser personajes.

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Fábula Zeus y los robles

Se quejaban los robles a Zeus en estos términos: —En vano vemos la luz, pues estamos expuestos, más que todos los demás árboles, a los golpes brutales del hacha. —Ustedes mismos son los autores de su desgra­cia – respondió Zeus—; si no diera la madera para fa­bricar los mangos, las vigas y los arados, el hacha los respetaría.   Moraleja: Ciertos hombres, autores de sus propios males, echan la culpa […]

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Fábula el orador de Demades

El orador Demades hablaba un día al pueblo de Ate­nas, mas como no prestaban mucha atención a su dis­curso, pidió que le permitieran contar una fábula de Esopo. Concedida la demanda, empezó de este modo: —Demeter, la golondrina y la anguila viajaban jun­tas un día; llegaron a la orilla de un río; la golondri­na se elevó en el aire, la anguila desapareció en las aguas…y aquí se detuvo el orador. […]

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Fábula el pino y el espino

Disputaban entre sí el pino y él espino. Se jactaba el pino diciendo: —Soy hermoso, esbelto y alto, y sirvo para construir las naves y los techos de los templos. ¿Cómo tienes la osadía de compararte a mí? —¡Si recordaras—replicó el espino—las hachas y las sierras que te cortan, preferirías la suerte del espino!   Moraleja: No hay que enorgullecerse en la vida de la reputa­ción, pues la vida de […]

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Fábula el cabrito y el lobo flautista

Un cabrito se quedo atrás del rebaño y vio que le per­seguía un lobo. Se volvió hacia éste y le dijo: —Ya sé, ¡oh lobo!, que estoy condenado a servirte de comida; mas, para no morir sin honor, toca la flau­ta y yo bailaré. En tanto que el lobo tocaba la flauta y el cabrito bai­laba, los perros oyeron el ruido y salieron en persecu­ción del lobo; éste, volvió y […]

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Fábula los dos enemigos

Dos hombres que se odiaban entre sí, navegaban en la misma nave, uno sentado en la proa y otro en la popa. Surgió una tempestad, y hallándose el barco a punto de hundirse, el hombre que estaba en la popa preguntó al piloto que cuál era la parte de la nave que se hundiría primero. —La proa—dijo el piloto. —Entonces—dijo este hombre—no espero la muer­te con tristeza, porque veré a […]

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Fábula la cierva y la viña

Una cierva perseguida por los cazadores se refugió bajo una viña. Pasaron los cazadores, y la cierva, cre­yéndose muy bien escondida, empezó a mordisquear las hojas de la viña. Viendo remover las hojas, los cazado­res que volvían pensaron, y era cierto, que allí había un animal oculto, y mataron con sus flechas a la cier­va. Esta, viéndose morir, pronunció estas palabras: —¡Me lo he merecido, pues no debí hacer daño […]

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