Los Kogui





Los Kogui

En el tiempo mítico, el Caribe mágico, estuvo encantado y enlutado por una oscuridad misteriosa; la luz creadora, cósmica y solar estaba atrapada en un sarcófago ciego de egoísmo que impedía como un carcelero despiadado y amargado que los mortales admiraran el nimbo imperial del día. Por eso los aborígenes de la retirada isla Kogui decidieron en una inmemorial fecha, echarse al Inmerso mar, desafiando con temeridad al reino de las tinieblas, confiando fervorosamente en la brújula espiritual del guía Kogui. En una de las arcas colocaron el hermético ataúd que aprisionaba y ocultaba la energía luminosa, además pusieron allí valiosos barriles de aceite salutífero y misericordioso.

 

Mas tarde cuando los emigrantes bordeaban a tientas los acantilados inesperadamente se produjo un huracán violento que arrojó profanamente contra las rocas costeras el féretro hadado y toneles de óleo de gracia divina, los cuales explotaron en cadena, produciéndose en el acto chispas arco iris y una tormenta eléctrica de rayos y centellas que cortaron la lobreguez y avivaron la tempestad. Entonces se descubrió el ponto glauco y azulado el cual fue extraordinariamente desagraviado con relámpagos sacralizados que ocasionaron un mar de lagrimas fulgentes las cuales permitieron contemplar una hilera centenaria de canoas portentosas, que escapaban del fuego del infierno serpenteando por el descomunal espejo del líquido tramposo. Transcurrido un lapso terrorífico, los peregrinos se salvaron milagrosamente horno del averno.

 

Al romper la aurora, llegó la calma y el desahogo y se vio la estela maravillosa de embarcaciones pervivientes, escoltadas por fantásticos bancos de peces de múltiples colores, pulpos, caballos, estrellas y erizos de mar, que seguían con pasión las huellas sinuosas de la caravana áurea que iba detrás de la vanguardia de águilas doradas que surcaban el cielo desafiantes, señalando la ruta redentora, hacia la costa Atlántica, frente a la sierra nevada hoy Sierra Nevada de Santa Marta, santuario ecológico de la humanidad.

 

Luego hubo una aparición fantasmagórica y se observó la balsa fabulosa del poderoso cacique, quien tenía atuendo distintivo que resaltaba su poder y lo diferenciaba de los súbditos y personalidades de la corte real. El rey indio, ceñía una soberbia corona de largas plumas blancas de águila; azules y rojas de guacamaya; amarillas, grises y negras de otras aves venerables.El jefe aborigen ostentaba nariguera áurea y orejeras de oro, gargantilla de metal precioso con siete águilas doradas, pendientes halados, pectoral de oro en forma de cóndor en actitud de vuelo, brazales de plata, manillas, guayuco y tobilleras.

 

El cacique empuñaba un autoritario bordón de oro con Incrustaciones de "diamantes, rubíes y esmeraldas; el mango del bastón era una águila bicéfala que miraba al pasado y el porvenir. Al blandir el báculo Insignia de monarca, sonaban castañuelas de culebra cascabel que enaltecían su encumbrado rango político, económico, religioso ritual, social y cultural. La falúa rutilante del cacique supremo tenía en su portentosa proa una impotente águila metálica de siete cabezas y estaba estampada con flores de lis heráldicas. También exhibían en la almadía quiméricos tesoros, piedras preciosas, artefactos e imágenes de oro. El rosario de navíos flotaba silente al vaivén de la brisa y transitaba armónicamente, escoltada por bandadas de aves que cantaban a la sabiduría de la vida,

 

La manada de búhos, lechuzas guacharacos y garrapatos le coreaban el origen de la humanidad.

 

La nube de cóndores, gallinazos y piguas le canturreaban a el Mamo o sumo sacerdote al sagrado territorio y a su arcana tradición social. El escudo de gavilanes, halcones y cernícalos entonaban himnos poéticos al poder espiritual. La sombra de loros, guacamayas, quetzales, turpiales, tucanes y avecillas marinas le piaban a la siembra generosa y a la cosecha prodigiosa. La constelación de águilas doradas tarareaban cánticos de amor, cánticos nupciales y cánticos de guerra a la ignorancia. E invocaban a sus dioses por la futura convivencia pacífica entre los Koguis, Wiwas y Wayú. Tan pronto atracaron las embarcaciones, el cacique saltó como un jaguar a la arena ardiente, se hincó y besó a la madre tierra, así mismo lo hizo su séquito. Mientras tanto el banco de peces de múltiples colores, pulpos, caballos, estrellas y erizos de mar que los habían custodiado se convirtieron en preciosos arrecifes coralinos.

 

Luego el supersticioso cacique le ordenó a sus fieles acompañantes que tirarán en las falúas a los espíritus malignos, a los recuerdos ingratos, a las tristezas, a los fracasos, a los desamores y amarguras, para que flotaran a la deriva hasta que una ola gigante o un maremoto furioso las hiciera naufragar y hundir ahogándose en el indolente piélago.

 

Luego el cacique, su corte y el ejército de aves siguieron a las águilas doradas, por los verdes valles, por los ríos cristalinos y por las montañas perfumadas hasta la gélida cúspide, en donde terminó el éxodo. Posteriormente los primitivos pobladores de la Siena Nevada, se refugiaron en las entrañas de los bosques lluviosos y en las estribaciones de las nieves perpetuas, y en aquellos edenes, el Mamo o sumo sacerdote Kogui arengó a su pueblo con la sabiduría de un rey, de un letrado, de un juez y de un amante de las criaturas de la creación.

 

Y les dijo que aquel paraíso estaba habitado por animales sagrados que conversaban, que pensaban, que tenían alma y comunidades instituidas que los Kogui como hermanos mayores debían respetar, proteger, adornar y pedirles permiso para morar eternamente allí, Luego el Jefe Kogui se convirtió en una inmensa águila dorada de siete cabezas y los chamanes se transformaron en pajarracos de plumaje colorido y volaron en bandada canora hacia el firmamento para contemplar desde las estrellas la atalaya bienaventurada y el nuevo mundo Kogui.

 

Volando descendieron como dioses bienhechores a la majestuosa Sierra Nevada el Mamo o sumo sacerdote sabio dijo "a los hombres y mujeres se les debía respetar por su sapiencia y no por sus riquezas", por eso el cacique Kogui comenzó a enseñarles, a predicar y a practicar "la filosofía de llegar a acuerdos sagrados" para preservar a todos los seres de la naturaleza y que para disfrutar de la "felicidad eterna del sol", tenían que honrar la palabra empeñada y cumplir el juramento pronunciado. El Mamo Kogui, también los instruyó en como utilizar las plantas medicinales y la hoja de coca con fines terapéuticos, rituales y religiosos y que para combatir la enfermedad tenían que poseerla, pensar, actuar y sentir como ella, con el fin que corriera como el rio hasta auto purificarse, sanarse y liberarse. Con el transcurso inexorable del tiempo el Mamo Kogui, comenzó a presidir todos los aspectos morales e intelectuales de su clan, quien lo respeta por su inteligencia, don de consejo, incorruptibilidad y competencia para hacer lo que predica, dando buen ejemplo. luego los hombres, las mujeres, los niños y ancianos de la tribu Kogui erigieron casas rituales y templos sacrosantos en torno a "la ciudad pérdida", allí concurrían en romería para adorar a los planetas y al destino, allí convocaban fiestas para celebrar las cosechas, allí hacían ceremonias religiosas y mágicas; allí lo adivinos y hechiceros pronosticaban sobre los tiempos venideros y danzaban "trémulos de emoción", posesos por el espíritu de la paz, enarbolando "hachas de esmeraldas" para llamar a la lluvia y blandían "hachas de oro" para que viniera el verano; allí por devoción cumplían ayunos sexuales, allí magistralmente amortajaban a los cadáveres con mantas de algodón coloridas y les echaban oro y pedrería en urnas y vasijas funerarias y luego las enterraban con los despojos mortales en hoyos profundos. Mientras realizaban ritos solemnes y utilizaba silbatos imitando el canto de las aves y las voces de otros animales. A veces los Kogui secaban los cuerpos inertes al fuego y luego depositaban las cenizas humanas en recipientes sagrados junto a las pertenencias de valor, fetiches y amuletos.

 

Transcurrido un tiempo bienaventurado los conquistadores, colonos e invasor sacrílegos, saquearon las necrópolis Kogui y violaron el santuario mítico, sembrando marihuana, coca y amapola, poseídos por la ambición fatal y violenta que perturbó la convivencia pacífica de los descendientes de los Kogui, Wiwas y Wayu, quienes han sido diezmados por la civilizaciones bárbaros que ultrajan la ancestral filosofía Kogui del respeto al otro. No obstante el prestigio del Mamo o sacerdote Kogui ha crecido con el tiempo y también son admirados por las gentes buenas que ven en ellos a verdaderos sabios.



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1 Comentario en Los Kogui
  1. brenda dayana dice:

    esta muy largo para copiar

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