La Gitana Encantada





La Gitana Encantada

Hace mucho tiempo una Gitana hermosa cansada de vagar sin domicilio fijo por un rosario de pueblos de Colombia, enclavados en la cordillera adornada con nevados majestuosos, llegó y se residenció en un municipio mágico de la región Andina, con el ánimo de busca fortuna y ventura. Al poco tiempo de haber arribado, al fantástico villorrio de agricultores,ganaderos, comerciantes y mineros, la Gitana exótica se consagró a la quiromancia. Hombres y mujeres de la paradisíaca localidad y gentes venidas de remotos lugares, acudían al consultorio de la sensual Gitana para que les leyera sus manos, les adivinará y vaticinara sobre el amor, la riqueza, el trabajo, el sexo, la felicidad, la lotería, la amistad, la discordia, los negocios, los nacimientos y fallecimientos. Los crédulos habitantes de la deliciosa comarca, pronto le demostraron gran aprecio; porque la inteligente gitana era muy acertada en las predicciones referentes a su destino, suerte o estrella y al encadenamiento de sucesos a veces maravillosos y a veces desastrosos.

 

Con el transcurso inexorable del tiempo, los amables parroquianos trataron a la Gitana como si fuese una celebridad; ella era la invitada de honor a las ferias, a las fiestas y a los carnavales, para escucharla cantar y verja bailar con su ritmo ritual, místico y erótico. Un funesto día, una hechicera envidiosa y malvada, astutamente Invitó a la jovial Gitana a su morada y sin escrúpulo le dio a beber un brebaje venenoso que en el acto le arrebato la vida. El clan de la Gitana, en su casa le organizó un velorio inolvidable; con aguardiente, café y té. Además hubo bailes, manjares y postres, durante tres días con sus noches.

 

Tres soles y tres lunas estuvo el cadáver de la Gitana en cámara ardiente y a darle la última despedida acudieron y desfilaron todas las autoridades: el alcalde el cura, el juez, el comandante de policía, todas las dignidades y personalidades de la educación, la cultura, la política y la economía quienes junto a todo el pueblo la homenajearon y condecoraron póstumamente y le obsequiaron alhajas de oro y pedrería que le iban echando en él ataúd. Tan alegre fue el velatorio que sobraron las lloronas quienes se dedicaron a escuchar historias a hacer firmar el obituario, a recibir las coronas de flores, las condolencias y los sufragios. De pronto tañeron tristemente las campanas de la iglesia llamando a las exequias solemnes, entonces del hogar de la difunta Gitana salió la procesión mortuoria rumbo al templo; cuatro cargueros transportaron el catafalco con el sarcófago y el cuerpo.

 

En el lugar sagrado, los acólitos y el sacristán habían encendido once mil velas frente al altar de oro y desde el púlpito el sacerdote pronunció un sermón de alabanzas y rezó por el alma de la Gitana y esparció con un sahumador incienso, mirra y gomorresinas para purificar el ambiente y ahuyentar a los malos espíritus.

 

Después otros cuatro paisanos cargaron el catafalco con el féretro que contenía los restos mortales de la Gitana, hasta el Campo Santo; allí la sepultaron en el panteón familiar; su túmulo quedó a la sombra de ( frondosos y perfumados pinos y de ciprés sagrado. Luego la despidieron de este mundo con acordeones, triples, guitarras, canciones, oraciones y bendiciones para que el Todo Poderoso la admitiera en la patria celestial. Transcurrida la novena del duelo, sus amigos, admiradores y clientes iniciaron multitudinarias peregrinaciones a su tumba, como si allí estuviera enterrado un profeta, una beata o una santa.

 

Tan pronto una persona golpeaba tres veces la lapida de su bóveda, el espíritu de la Gitana encantada se ponía a cantar, a declamar y a reír. Aquel fenómeno misterioso y fascinante, le causó curiosidad y codicia a los sacrílegos, quienes profanaron la cripta de la Gitana encantaba, para hurtar las alhajas de oro y la pedrería que le habían echado en la caja mortuoria; pero inconformes con los tesoros, también se robaron sus restos mortales.

 

Desde entonces el alma de la Gitana encantada está en pena y su ánima bendita va de feria en feria, cantando, riendo y bailando por el rosario de pueblos enclavados en la cadena de montañas arropadas con nieve. Dicen que un sepulturero Inmortal se convirtió en tesorero del fantasma de la Gitana encantada, mientras su espíritu vaga perpetuamente divirtiéndose y leyendo tas manos a supersticiosos y agoreras.



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