Guango





El Guango

En un supersticioso pueblo de la paradisíaca Costa Pacífica de Colombia, desde tiempo inmemorial, sus habitantes conservan la tradición de echar los restos mortales en un ataúd autóctono, que ellos llaman Guango, manufacturado con guaduas.

 

Durante el velorio los deudos acostumbran a celebrar una alegre fiesta, con música colombiana, danzas folclóricas, comida típica y licor de caña. Para el velatorio los familiares y amigos del difunto se ponen su mejor traje, el sacerdote estrena casulla, pronuncia letanías solemnes y se luce con la homilía. Después de las comilonas, festines y borracheras, los dolientes se llevan al Guango, escoltado por una Procesión de verbena, si es de noche los asistentes, enarbolan faroles, excepto cuanto hay luna llena. Los hombres cargan al Guango en hombros y se turnan de cuatro en cuatro, hacen un breve descansó sobre el puente del río caudaloso, allí cesa el ruido y luego sigue la comitiva al cementerio. Allá el sepulturero enigmático recibe al Guango con los brazos abiertos, echa "al muerto al hoyo y los vivos vuelven al baile".

 

El único vecino que no iba a velorios y a sepelios, era un viejo avaro, malhumorado y achacoso a quien la codicia le anuló todos sus sentimientos, por eso nunca formó familia y vivió en la soledad de una casona desierta, donde reinaba la mezquindad e insensibilidad ante la necesidad y el dolor ajeno. Porque el longevo tacaño, sólo pensaba en atesorar riqueza, para satisfacer su vicio por el dinero. Por eso todo el pueblo sabía que el usurero, en el fondo era un pobre y necio y que vivía cagado de miedo pensando en perder lo adquirido. El anciano egoísta iba escondiendo sus tesoros en un lugar que sólo conocía él y decía que cuando él muriera lo tiraran a la intemperie para que los buitres y chulos devoraran sus entrañas y carroña; y se jactaba de nunca haber cargado a un muerto, porque él prefería estibar toneladas de dinero. Un día, el destino inclemente le cortó el "hito de la vida" al misántropo y cuando se conoció la noticia, el clérigo organizó una colecta; todos tos habitantes solidarios del pueblito colaboraron; compraron el Guango y en él echaron el cadáver del huraño, le organizaron un espléndido velorio como manda la tradición. Cuando en marcha llevaban al Guango con los despojos del infeliz a la necrópolis a medida que avanzaban los cargueros sentían que el féretro pesaba más y más. Repentinamente el Guango comenzó a bambolearse bruscamente y las coronas de flores se cayeron; en esos instante estando descansando sobre el pasadero del río turbulento y del fogón de leña coge con sus manos, brazas rojas incandescentes y con sus uñas, remueve el rescoldo sin quemarse luego se hinca para avivar el fuego y sopla para apartar la ceniza y la pavesa. Después la Vieja Colmillona coloca la parrilla encima de tres piedras y saca de su mochila plátanos maduros y los pone a asar. Luego extrae de su costal de fique una chocolatera y un molinillo y se prepara chocolate.

 

En ocasiones las amas de casa y las cocineras le dejan a la Vieja Colmillona en la tapia de la hornilla arepas de maíz, mazorca y un pedazo de carne asada. La anciana Colmillona envuelve el fiambre en hojas de plátano y las guarda en su tula. Después de alimentarse, la Vieja Colmillona se marcha sin despedirse, mustia, con la cabeza baja y con el costal terciado, para el cafetal, el cañaveral, el maizal o el potrero en donde pernocta a la intemperie como un animal. Los trabajadores terminan la velada jugando naipe, parqués o dados como tahúres fulleros y luego se dirigen muertos del cansancio a las barracas y se acuestan a roncar como el mar hasta que canta el ave de la madrugada.

 

Al romper la aurora, los jornaleros, rajan leña mientras escuchan las noticias, luego toman café puro y se van para el tajo. Entonces ven a la Vieja Colmillona con su costal al hombro montando a pelo en un onírico caballo blanco que galopa por el aire rumbo a la "casa del gobernador del sol". Dicen los labriegos que la fantasmagórica Vieja Colmillona visita las cocinas de la encantada región sin causar daño o mal alguno a sus hospitalarias gentes. Sin embargo cuando atentan contra su ser, la Vieja Colmillona reacciona como una pantera intrépida irracional, desenfrenada, impetuosa y salvaje.



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3 Comentarios en Guango
  1. ou vous nous faites un coup à la Ciotti ?Rédigé par : JCA propos de sources (du Pô), ce « Ciotti », est-ce que ça se prononce Ch-i-o-tti ?

  2. E depois reclamam da parcialidade da imprensa espanhola. Uma coisa é certa: Massa não é Rubinho. Por isso, mesmo acho que 2010 é o último ano do brasileiro na Ferrari. Não sou fã do espanhol, mas não tenho dúvidas que ele dará show na Ferrari.

  3. http://www./ dice:

    Le fait d’appartenir à une religion n’est pas banal.Rites,obligations,interdits et j’en passe.Cela change votre façon de vivre,de penser.Impossible dans un pays de vivre chacun de manière différente (dans les grandes lignes évidemment)ça tiendra ce que ça tiendra l’avenir nous le confirmera.

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