Fabulas Indígenas V





La doncella del bosque La Doncella del Bosque

En el territorio que hoy conocemos como Costa Rica se estableció una tribu, en la baja y arenosa Costa Atlánti­ca. Aquel paisaje de arena se prolongaba hasta llegar a un hermoso bosque de cedros, habitado por una gran variedad de animales.

 

En aquella tribu vivía un famoso guerrero temido por su crueldad. Nadie se había librado de su duro corazón. En la misma tribu vivía también una bella y delicada donce­lla, muy conocida por su bondad. Ella era la encargada de curar a los enfermos y de consolar a las personas que sufrían. Cuando los hombres regresaban de las batallas, heridos y maltrechos, la joven los curaba con emplastos y palabras de afecto.

 

Al guerrero cruel le llegó el día de elegir esposa y no dudó un instante en poner sus ojos en ta muchacha. Entonces visitó al anciano padre para pedir su mano. Este conocía la maldad del hombre y temió por la suerte de su amada hija. Por eso puso todos los pretextos para evitar seme­jante desatino.

 

—Mi hija es muy joven para casarse, le dijo.

 

—Otras más jóvenes que ella ya se han casado, le res­pondió Baisa, el guerrero.

 

—Es cierto, pero a mi hija le gusta curar a los enfermos y estando casada contigo ya no podrá hacerlo.

 

Tiene que casarse conmigo, o de lo contrario, le pesa­rá toda la vida. Espero que lo pienses. Mañana vengo a que me des una respuesta.

 

El anciano padre quedó muy abatido, sin saber cómo decírselo a la muchacha. Al atardecer, cuando ella regresó la vio tan feliz que no supo como comenzar, pero ella lo conocía tanto que se dio cuenta de que algo ocurría y le preguntó. El anciano le respondió:

 

—Baisa ha estado aquí pidiendo tu mano.

 

—Y tú, ¿qué le has dicho?

 

Que eres muy joven.

 

—Me alegro, padre, por eso. El es tan cruel que no me casaría por nada en este mundo.

 

—Hija mía, creo que no tendrás más remedio que acce­der o de lo contrario nos hará daño.

 

—Pues, pase lo que pase, no me casaré con él.

 

A la mañana siguiente, regresó el guerrero a preguntarle al padre cuándo se celebraba la boda.

 

—Espero que no haya ninguna objeción por parte de los dos.

 

Es que ella no quiere.

 

—¿Acaso no recuerda que soy el guerrero más podero­so y el favorito del cacique? Hoy mismo iré donde el cacique para que te obligue a entregarme a tu hija.

 

—No hace falta, intentaré convencerla.

 

Cuando la muchacha regresó del bosque, el padre la re­cibió con lágrimas en los ojos:

 

—Hija mía, el cacique me obligará a entregarte.

 

Tengo una solución, nadie conoce el bosque mejor que yo, así que me ocultaré allí y nadie me encontrará. Tu vendrás a visitarme en las noches. De ese modo no nos separaremos.

 

Al amanecer, Baisa fue nuevamente a visitar al anciano y éste le respondió que su hija había huido en la noche al bosque. El guerrero enceguecido por la cólera fue hasta el bosque dispuesto a buscar hasta en el último rincón. No iba a admitir que se burlaran de él. Su idea era traer­la de los cabellos y castigarla por su osadía.

 

Como no tuvo suerte en el intento, fue en busca de los mejores guerreros y con ellos se internó nuevamente en el bosque. En medio de la espesura escuchaba una can­ción que entonaba la doncella, pero entre más la sentía Q cerca más se perdía. La cólera dé Baisa crecía; ya sólo la quería encontrar para matarla. Al anochecer, fatigados y muertos de hambre, los hombres regresaron a la aldea. Al día siguiente reanudaron la marcha y de nuevo |u escucharon la voz de la doncella.

 

Atormentado, Baisa mandó incendiar el bosque, pero los guerreros que conocían a la doncella y la querían, no se atrevían a hacerlo. Sin embargo, el temor que les des­pertaba Baisa les impidió oponerse. A lo lejos, el hechicero de la tribu observaba los acontecimientos sin inmu­tarse.

 

A medida que ardía el fuego se escuchaba el canto me­lodioso de la muchacha. El hechicero que había visto el ascenso de las llamas sin inmutarse, se levantó e invo­cando a los dioses, rogó por la doncella e imploró justi­cia. Los guerreros se lamentaban de su debilidad. El he­chicero gritaba:

 

—¡Que no muera la doncella!

 

Baisa arrepentido también imploraba:

 

—Si te rindes y consientes ser mi esposa, iré a rescatar­te de entre las llamas.

 

Los dioses parecían indiferentes. De pronto se escuchó un canto en el aire. Del bosque emergió un pajarillo co­lor ceniza, con el pico y las patas rojas como el fuego. La extraña ave sobrevoló sin dejar de cantar; su voz era la de la doncella. Aquella voz se fue debilitando hasta con­vertirse en el canto del jilguero que hoy puebla los bosques de Costa Rica.



  • fabulas indigenas mexicanas
  • fabula indigena
  • fabulas indigenas

  • fabulas indígenas cortas
  • fabula indigena mexicana
  • novedades android

Comentarios:

Loading Facebook Comments ...
6 Comentarios en Fabulas Indígenas V
  1. fernanda says:

    esta pagina me sirve para mis tareas sobre fabulas chido

  2. NATALIA says:

    ESTA SUPERRRRRR CHIDA GRASIASSSSSSSSS

  3. DANIELA GUZMAN says:

    ESTA CHIDA PERO PORQUE NO LE PONEN LA ENSENANSA SI ES UNA FABULA NO ENTIENDO O ACASO NO TIENE ENSENANSA BUENO LA TENDRE QUE INBENTAR QUE MALA ONDA PRPRPRPRPRPRPRPRPRPR……………………………………………………

  4. montse says:

    estan chidasssss pero ninguna es la q yo quiro aaaaaaarrrrrrrrrrraaaaaaaaaaaaaaarrrrrr……………………….

  5. anachimal1985@gmail.com says:

    Hermosas fábulas para dormir a mis angelitos .!!!:)

  6. chido pero no cren que esta larga

Deja tu comentario
Tu Comentario