Fabulas De Niños





Cipitín y la Siguanaba

Cipitín y La Siguanaba

En Cuscatlán existió un niño de nombre Cipitín. Había llegado de las aguas y tenía la cualidad de no envejecer. Los hombres se iban haciendo viejos, pero él mantenía la apa­riencia de un niño de diez años, con la piel lozana y las facciones delicadas. De piel ca­nela y ojos negros, el niño llamaba la atención por su pasado, pues tenía abuelos, pero no sabía quiénes eran sus padres. Vivía siempre dentro del agua, con dos cañas que le servían para pasar de un lado a otro y dormía sobre los bejucos. Se alimentaba de los peces que cogía con sus ágiles manos y jugaba con las aves.

 

El tiempo pasaba para los demás, pero no para él. Los abuelos envejecieron tanto, hasta morir y los árboles inclinaban sus ramas sin revelarle el secreto de su naci­miento.

 

Sin embargo, todos sabían que la madre de Cipitín era la Siguanaba, una mujer nada agradable. Tal vez por eso nadie le decía la verdad. Alta, seca, desgarbada, de uñas largas, dientes salidos y piel terrosa, la Siguanaba todavía inspira verdadero pavor a todo aquel que se la encuentre. Sus ojos rojos y saltones asechan en la oscuridad y enceguecen a sus víctimas.

 

Por las noches, en los caminos nocturnos, la mujer deam­bula en busca de los hombres. Cuando ve acercarse a un desprevenido viajero, toma la forma de una mujer hermosa que con voz cantarina pide ser acompañada. Primero da falsas direcciones de su vivienda. Luego los despista por completo y los introduce en lo más espeso de la selva. Cuando el hombre se vuelve para verla, se encuentra con una bruja de uñas ganchudas que suelta horrendas carcajadas y luego los abandona, dejándolos medio muertos del susto.

 

La Siguanaba va dando tumbos entre las piedras como una fiera herida y hace un ruido tan particular que es fácil diferenciarlo a cierta distancia y huir a tiempo de ella. Es conocida como la visitante nocturna de los ríos y los pozos porque es a la media noche cuando se la puede ver.

 

Pero la Siguanaba no siempre fue así. Esto le ocurrió después de volverse loca. Cipitín sabe que existe la Siguanaba, pero no sospecha que se trata de su madre. Ella tampoco lo reconoce y, sin duda, lo asustaría si llegara a toparse con él.

 

La Siguanaba fue una mujer hermosa pero coqueta, chis­mosa y enamoradiza. Por abandonar el hogar, despreció al hijo y al marido. Este último fue hechizado por ella.

 

La suegra de la Siguanaba lloró mucho por lo que le ocu­rrió a su hijo y pidió al dios Tlaloc que la castigara. El dios hizo caso a las súplicas de la mujer, castigándola con la locura y condenándola a vagar por las orillas de los ríos. Esa es la forma de castigar la infidelidad en Cuscatlán.

 

Una vez un grupo de hombres tuvo la mala suerte de encontrarse con la Siguanaba. Reía a carcajadas y entornaba sus ojos rojos y saltones. Alcanzaron a huir ha­cia las montañas antes de ser hechizados por ella. Cipitín estaba entre estos hombres. Fue tal la impresión que le dejó el monstruo de las aguas que decidió quedarse a vivir para siempre en una cueva.

 

Al contrario de su madre, Cipitín llegó a ser la encarna­ción de la castidad. Las muchachas del pueblo solían visi­tarlo y dejarle flores. El las miraba oculto entre las ramas, sin atreverse a mirarlas a los ojos. En estos juegos se con­siguió una novia llamada Tenácin. Esta era pequeña como él. Porque Cipitín con el tiempo se iba volviendo más pe­queño, tan pequeño que podía dormir en una flor.



  • fabulas para niños largas
  • fabulas largas
  • fabulas hondureñas con imagenes
  • fabulas largas para niños

  • fabulas largas con dibujos
  • novedades android

Comentarios:

Loading Facebook Comments ...
7 Comentarios en Fabulas De Niños
  1. nicolas says:

    esto
    es de lo
    meejor con
    los pemas
    de
    esta
    pajina
    atta
    yo

  2. MARCOS says:

    woooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

  3. juanmiguel says:

    vovoovovo <3 <3 te amoooooooooo

  4. juanmiguel says:

    jajjajlocaaaaaaaaaaaaaaaaa

Deja tu comentario
Tu Comentario