Cuentos De La India





Los dos vecinos Los Dos Vecinos

 

En una aldea del legendario Tíbet vivían en casas conti­guas dos hombres. Uno de ellos era rico y el otro muy pobre. El rico se llamaba Tse-ring. Era orgulloso, arro­gante y avaro. El pobre se llamaba Chamba. Poseía un noble corazón y era generoso con todo el mundo. Debi­do a su gran generosidad, gozaba del aprecio de todo aquel que le conocía.

 

Por una extraña casualidad, una pareja de gorriones hizo su nido en el tejado de la casa de Chamba. A su debido tiempo nacieron los polluelos. Un día, antes de que apren­dieran a volar, los padres se alejaron en busca de alimen­to. Uno de los gorriones cayó del nido y se rompió una patica. Chamba encontró al gorrión indefenso y se apre­suró a curarlo. Con una hebra de hilo le vendó la patica y volvió a colocarlo en el nido.

 

Aquel gorrión era en realidad una hada, la cual volvió al día siguiente con unos granos en el pico y al ver a Chamba le dijo:

 

-Te doy este grano para recompensarte por lo bueno que has sido conmigo.

 

Sin esperar respuesta, levantó el vuelo y se alejó. Chamba se quedó muy sorprendido con lo que decía el gorrión. Pensó que el regalo no tenía mayor importancia y le pa­reció un gesto simpático. Sin embargo, sembró el grano en el jardín, por curiosidad.

 

Al cabo de unos meses surgió un tallo que cre­ció hasta alcanzar el metro de altura. El hom­bre se quedó muy sorprendido cuando vio que la espiga, en vez de granos, contenía piedras preciosas. Después de recoger la abundante cosecha, Chamba fue al pueblo a venderla y así fue como empezó para él una época de prosperidad.

El vecino rico no se explicaba cómo había podido cam­biar tanto la suerte del pobre, e intrigado fue a pregun­tarle la razón de su prosperidad. Chamba, que no era envidioso, le contó desde el comienzo lo ocurrido.

 

Emocionado por el secreto, Tse-ring se fue a su casa a idear la forma de sacar partido a aquel secreto. Casualmente una pareja de gorriones hacía el nido en el techo de su casa. El hombre rico esperó pacientemente hasta que nacieron los polluelos. Entonces sacó uno de ellos y lo tiró al suelo. Luego lo recogió para curarle la patica rota. Después lo volvió a dejar en el nido, repitiéndole hasta el cansancio que no se olvidara de recompensarlo por haberlo curado.

 

Cuando el gorrión pudo volar, volvió a la casa de Tse- ring con unos granos en el pico. Antes de despedirse le habló así al rico:

 

—Este grano es un regalo de agradecimiento por la bon­dad con que me trataste.

 

El rico se puso muy contento al escuchar estas palabras y, sin pensarlo, fue hasta el jardín a sembrar el grano. Desde el primer momento no dejó de visitarlo diariamente ni de ponerle agua. Pero su sorpresa fue enorme cuando, en vez de piedras preciosas, se encontró con un hom­bre de aspecto feroz quien llevaba bajo el brazo un fajo de papeles. Tse-ring asustado le pregunto quién era y el monstruo le respondió:

 

—Fui tu creador en una de tus existencias anteriores. Hace muchísimos años me debías una gran suma de dinero. Ahora, vengo con los documentos necesarios para reclamarte. No había terminado de hablar el monstruo, cuando se fue apoderando de la casa y de todos los bie­nes de Tse-ring, convirtiéndolo en un esclavo.



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