Bachué mito





Bachué

De lo más profundo, recóndito y misterioso dé una laguna encan­tada enclavada en el paradisíaco altiplano Cundí boyacense; en un amanecer soleado de primavera, la diosa Bachué salió de su palacio de cristal adornado con diamantes y esmeraldas, sumergido en el fondo de oro de las aguas glaucas, alegre con un niño impetuoso, próximo a la pubertad.

 

Ese albor fantástico, Bachué el espíritu femenino de los lago dulces y de sus peligros, sufrió un ataque de locura mística, segui­do de furor orgiástico, causado por la posesión de las energías invisibles de los placeres y de las fuerzas vivientes que preside el apareamiento, la fecundación y la reproducción. Luego, Bachué la maravillosa ondina y su curioso hijo se montaron en un enorme pez dorado que buceó hasta la superficie del acuario portentoso y una vez pisaron tierra firme decidieron recrearse y enamorarse. Esa albo­rada el astro rey se petrificó y enmudeció al acariciar la belleza ideal de Bachué, una hada literalmente desnuda, esbelta y voluptuosa, de cabe­llera color verde mar, de piel rosada; quién jugaba con su vástago salta­rín de pelo negro y cutis trigueño.

 

Los árboles de aquel edén, al contemplar la hermosura del Bachué, exteriorizaron su fuerza vital y con su sangre savia y sabia, vivificaron la clorofila y reverdecieron a toda la región. Para honrar la presencia de Bachué la mujer benéfica, la prodigiosa sabana se adornó con perfu­madas flores de múltiples colores: rosas, claveles, geranios, margaritas, azucenas, dalias, lirios, camelias, jazmines, azahares, violetas y tulipanes.

 

Para enaltecer a Bachué, la deliciosa comarca por arte de magia, vio multiplicar las cosechas, hubo bonanza de frutas, legumbres, tubérculos, verduras, cereales y granos. Alegres por la asistencia de Bachué, corrieron por aquellos lugares manadas de animales lujurio­sos y fecundos: liebres, conejos, gallos, palomas, carneros, machos cabrios, cerdos y muchos más.

 

Entonces para devolver atenciones, Bachué; limpia, fresca y exalta­da por el entusiasmo y la imaginación se dedicó a perfeccionar la milagrosa creación, por eso, se terció el chico a su espalda y levitó revoleteando en compañía de bandadas de aves canoras, disper­sando rocío, semillas, música y amor.

 

Después Bachué y Cupido se encaramaron en un mítico venado alado y se consagraron a pasear libre y despreocupadamente por los bosques legendarios, y a bañarse en las fuentes termales poéti­cas, a pernoctar en grutas mágicas, que invitaban a soñar y a liberar la potencia erótica y la energía espiritual.

 

En consecuencia la virtud de castidad, pureza y virginidad fue derro­tada por el apetito sexual de un amor incestuoso que se entregó a la vida lasciva para procrear. Como resultado de aquel amor prohi­bido y maldito, de cada gestación nacieron trillizos y cuatrillizos y pronto se propagó la especie; así formaron familias, clanes y tribus de aborígenes.

 

Esto enojó a Chibchacum porque Bachué, su hijo y su prole peca­ban por las relaciones carnales entre parientes, que trasgredían las leyes, los preceptos y contrariaban el rito de adoración. Por decretos de deidad, Chibchacum los castigó con un diluvio que inundó el altiplano fantástico, destruyó los cultivos de flores, las cosechas de alimentos y ahogó a miles de animales.

 

Padeciendo este desastre la diosa Bachué imploró al dios Bochica para que anulara la pena impuesta por Chibchacum a su familia. Bochica se apiado del linaje de Bachué regalándole un remedio formidable para curar todos sus males y hacer catarsis purificadora y regeneradora. Entonces Bochica con su poder sobre natural, formó un arco Iris y se sentó en su trono celeste y desde su pulpito fabuloso le recadó a Bachué que ella era "hija de cielo, hija de tierra, hija de las aguas, hija del tiempo e hija de sol."

 

Para sanar y liberar de la calamidad a la descendencia de Bachué, Bochica como padre eterno, empuño la vara de autoridad omnipo­tente y señaló hacia la colosal roca del Tequendama y produjo un rayo de fuego divino y desintegrador y en el acto rompió el meteorito mile­nario y creó el admirable salto del Tequendama, por el cual cayeron y caen las aguas del rio Bogotá y así se evacuó la inundación.

 

Luego vino la noche fresca con la luna sonriente acompañada de estrellas y otra vez, la "diosa del amanecer," con su luz creadora y ener­gía cósmica, secaran los terrenos que habían estado anegados, con­servando el río Sopó y Tibitó, como "sangre de la tierra" y líquido vital. Después de Bachué ser perdonada, resarcida y venerada, volvió a la quimérica y mística laguna y antes de sumergirse para siempre, se transformó en una anaconda áurea, que se zambulló para refugiarse en el palacio de cristal amoblado con diamantes y esmeraldas y se dedicó perpetuamente a cuidar los tesoros, permitiendo a los mortales disfrutar de sus aventuras amorosas en sus sagrados lares.



Comentarios:

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8 Comentarios en Bachué mito
  1. Ida says:

    Maravilloso mito, debería ser tan conocido como los cuentos occidentales, es un podo dificil de entender en algunas situaciones, más sigue siendo de mucho disfrute.

  2. nevis lozano says:

    jajjajajajajajajajajaja

  3. nevis lozano says:

    no me gusta no tengo facebook si no que me invente uno para poder escribir y estoy buscando novio el que quiera busqueme por facebook es el de mi prima nevis lozano

  4. jose manuel alonso says:

    todo esto esta bien pero…cual era el nombre del hijo de Bachué???

  5. jose manuel alonso says:

    nevis donde resides

  6. yesika paola ramos meneses says:

    los poderes cuales son

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